
Jennifer Sánchez Álvarez
Pedagogía UP
Despierto a las 5:30 am. Otra vez nos cortaron el gas. Me baño y me pongo lo primero que veo. Un desayuno express de un pan o lo que caiga, acompañado de mucha flojera, corro a la parada del camión. Me toca irme parado, ¿por qué me ve feo ese señor? parece que el chofer no está dispuesto a perder esta carrera, me abro paso entre tanta gente, “¡bajan!”.
Lo logré. Llegué sano y salvo a la escuela. De pronto me doy cuenta que olvidé mis ejercicios de matemáticas en el buró de mi recámara y mi bata para el laboratorio de química se quedó en el tendedero. Y apenas va comenzando mi día.
Tengo examen de química, se me olvidó estudiar el reactivo limitante y reactivo en exceso de las reacciones. (¿Qué no basta con saber a qué temperatura hierve el agua?) Aún no decido que carrera me conviene más, mi promedio no alcanza para la beca, mis papás no piensan seguir pagando mi educación. A veces pienso que es una pérdida de tiempo estar sentado casi siete horas en una banca, cuando necesito llevar comida a mi casa. Llevo meses buscando trabajo, pero por ser estudiante, no tengo muchas oportunidades.
¿Cuándo vendrá el futuro? ¿Estaré preparado? ¿Me debo comprar una nueva camisa para enfrentarlo, o basta la que tengo manchada de esfuerzo?
No quiero ver a mi novia, desde que me dijo que está embarazada hemos peleado mucho. Mis amigos se ríen de mí porque sigo usando esos viejos tennis que ya no están de moda. Los maestros dicen que soy flojo, que estoy muy distraído…creo que tengo muchas cosas en la mente últimamente.
Lo mejor será dejar la escuela, ya veré que hago después… El estrés me está matando.
Terminó otro día en la escuela. Son las 2, no quiero regresar a mi casa todavía, seguro mi tío sigue borracho. Camino dos cuadras lejos de la escuela. Me gusta sentarme aquí, ver a la gente pasar, observar fijamente el espectacular de esa familia que se ve tan feliz, me pregunto si ellos no tendrán problemas… Enfrente de mí, más de 5 hombres pidiendo limosna. Llevan semanas con la misma ropa y la misma mirada perdida. Se acerca un señor, de esos con trajes caros y teléfonos lujosos, les regala un refresco que compró. Creo que todavía existe la esperanza en mi país.
Hace ya más de 6 meses que dejé la escuela para trabajar y poder mantener a mi familia. Sigo sin encontrar trabajo. No puedo pagar el doctor para mi novia, nadie me contrata por no tener estudios. Perdí un semestre, perdí tiempo, perdí la esperanza y perdí mi dignidad.
Ocupación actual: no estudio y no trabajo.
No estudio, porque creí ser más valiente y más importante que un puñado de chicos que se sientan a estudiar. Me faltó dedicación y valor, creí poder hacer más afuera de un salón de clases, pero ya saben lo que dicen: “no puedes ir a la guerra sin fusil”… yo ni siquiera tenía un escudo.
No trabajo, porque confundo mi dignidad con un falso ego y me niego a empezar desde cero, desde abajo, para después subir a la cima. Me niego a aceptar que sin estudios, no soy nadie en un mundo laboral. Precisamente esa ceguera fue la que me llevó a donde estoy hoy.
Me detengo a pensar ¿en qué libro leí esto? ¿Qué guía nos enseña a enfrentarnos a la realidad, a la vida que hay afuera? ¿De qué sirven tantas horas invertidas en el estudio, si siempre habrá alguien mejor que yo?
Ninguno. Ningún libro, ningún profesor, ningún examen nos dice lo que vamos a tener que enfrentar. Pero si nos regalan armas para darle la cara al destino y no rendirnos. Porque yo soy de esos ingenuos locos que todavía creen en la esperanza, y en que nosotros están todas las respuestas que salvarán a este país, solo hace falta preguntarnos.
Regreso a mi casa, tengo examen mañana de física, no quiero estudiar, no entiendo, además tengo que arreglar de nuevo la estufa. Pero recuerdo los zapatos que mi mamá necesitaba y recuerdo cómo me dolió no poder regalarle yo ese refresco a aquel hombre. Y es entonces cuando me doy cuenta que no debo pensar más en el futuro, está tocando la puerta ahora mismo. Y no importa cómo lo reciba, ya es mío.
Ahora yo soy el anfitrión y debo confiar en mis instintos. Yo soy mi propio futuro, y está en mí crear esas oportunidades que necesito. Futuro me explica que no importa si mis tennis están pasados de moda, si nunca tuve las palabras para invitar a una niña a salir o si nunca le caí bien al profesor de biología, siempre tuve la ambición de seguir adelante y mi fe siempre estuvo guardada en mi cartera, eso es lo que a futuro le importa.
No dejes que futuro esté frente a tu puerta y tú no sepas con qué ropa lo recibirás, decídete de que color estarás vestido: rojo- esfuerzo o negro –no- puedo.
No, en la escuela no aprendí cómo vivir, pero si aprendí cómo cambiar lo que vivo.
Despierto a las 5:30 am. Otra vez nos cortaron el gas. Me baño y me pongo lo primero que veo. Voy a inscribirme de nuevo en la escuela. Hoy el día ya es diferente. Hoy tengo ganas y quiero encontrar respuestas.
El estrés es una de las causas más frecuentes que originan la deserción escolar en los alumnos. Varios factores influyen en el estrés de un estudiante, no solo académicos, si no personales, laborales, familiares y sociales. Los estudiantes que estudian y además trabajan, se enfrentan a diferentes retos, ya que tienen que encontrar el tiempo adecuado para lograr un equilibrio. Cuando lo logran, demuestran una clara ventaja en cuanto a maduración.
Una de las causas que originan el estrés es la falta de organización. El estudiante piensa que el mundo se acaba en temporada de exámenes, pero si aprende a administrar su tiempo y darle espacio adecuado a cada actividad, el nivel de estrés disminuirá.
Lo logré. Llegué sano y salvo a la escuela. De pronto me doy cuenta que olvidé mis ejercicios de matemáticas en el buró de mi recámara y mi bata para el laboratorio de química se quedó en el tendedero. Y apenas va comenzando mi día.
Tengo examen de química, se me olvidó estudiar el reactivo limitante y reactivo en exceso de las reacciones. (¿Qué no basta con saber a qué temperatura hierve el agua?) Aún no decido que carrera me conviene más, mi promedio no alcanza para la beca, mis papás no piensan seguir pagando mi educación. A veces pienso que es una pérdida de tiempo estar sentado casi siete horas en una banca, cuando necesito llevar comida a mi casa. Llevo meses buscando trabajo, pero por ser estudiante, no tengo muchas oportunidades.
¿Cuándo vendrá el futuro? ¿Estaré preparado? ¿Me debo comprar una nueva camisa para enfrentarlo, o basta la que tengo manchada de esfuerzo?
No quiero ver a mi novia, desde que me dijo que está embarazada hemos peleado mucho. Mis amigos se ríen de mí porque sigo usando esos viejos tennis que ya no están de moda. Los maestros dicen que soy flojo, que estoy muy distraído…creo que tengo muchas cosas en la mente últimamente.
Lo mejor será dejar la escuela, ya veré que hago después… El estrés me está matando.
Terminó otro día en la escuela. Son las 2, no quiero regresar a mi casa todavía, seguro mi tío sigue borracho. Camino dos cuadras lejos de la escuela. Me gusta sentarme aquí, ver a la gente pasar, observar fijamente el espectacular de esa familia que se ve tan feliz, me pregunto si ellos no tendrán problemas… Enfrente de mí, más de 5 hombres pidiendo limosna. Llevan semanas con la misma ropa y la misma mirada perdida. Se acerca un señor, de esos con trajes caros y teléfonos lujosos, les regala un refresco que compró. Creo que todavía existe la esperanza en mi país.
Hace ya más de 6 meses que dejé la escuela para trabajar y poder mantener a mi familia. Sigo sin encontrar trabajo. No puedo pagar el doctor para mi novia, nadie me contrata por no tener estudios. Perdí un semestre, perdí tiempo, perdí la esperanza y perdí mi dignidad.
Ocupación actual: no estudio y no trabajo.
No estudio, porque creí ser más valiente y más importante que un puñado de chicos que se sientan a estudiar. Me faltó dedicación y valor, creí poder hacer más afuera de un salón de clases, pero ya saben lo que dicen: “no puedes ir a la guerra sin fusil”… yo ni siquiera tenía un escudo.
No trabajo, porque confundo mi dignidad con un falso ego y me niego a empezar desde cero, desde abajo, para después subir a la cima. Me niego a aceptar que sin estudios, no soy nadie en un mundo laboral. Precisamente esa ceguera fue la que me llevó a donde estoy hoy.
Me detengo a pensar ¿en qué libro leí esto? ¿Qué guía nos enseña a enfrentarnos a la realidad, a la vida que hay afuera? ¿De qué sirven tantas horas invertidas en el estudio, si siempre habrá alguien mejor que yo?
Ninguno. Ningún libro, ningún profesor, ningún examen nos dice lo que vamos a tener que enfrentar. Pero si nos regalan armas para darle la cara al destino y no rendirnos. Porque yo soy de esos ingenuos locos que todavía creen en la esperanza, y en que nosotros están todas las respuestas que salvarán a este país, solo hace falta preguntarnos.
Regreso a mi casa, tengo examen mañana de física, no quiero estudiar, no entiendo, además tengo que arreglar de nuevo la estufa. Pero recuerdo los zapatos que mi mamá necesitaba y recuerdo cómo me dolió no poder regalarle yo ese refresco a aquel hombre. Y es entonces cuando me doy cuenta que no debo pensar más en el futuro, está tocando la puerta ahora mismo. Y no importa cómo lo reciba, ya es mío.
Ahora yo soy el anfitrión y debo confiar en mis instintos. Yo soy mi propio futuro, y está en mí crear esas oportunidades que necesito. Futuro me explica que no importa si mis tennis están pasados de moda, si nunca tuve las palabras para invitar a una niña a salir o si nunca le caí bien al profesor de biología, siempre tuve la ambición de seguir adelante y mi fe siempre estuvo guardada en mi cartera, eso es lo que a futuro le importa.
No dejes que futuro esté frente a tu puerta y tú no sepas con qué ropa lo recibirás, decídete de que color estarás vestido: rojo- esfuerzo o negro –no- puedo.
No, en la escuela no aprendí cómo vivir, pero si aprendí cómo cambiar lo que vivo.
Despierto a las 5:30 am. Otra vez nos cortaron el gas. Me baño y me pongo lo primero que veo. Voy a inscribirme de nuevo en la escuela. Hoy el día ya es diferente. Hoy tengo ganas y quiero encontrar respuestas.
El estrés es una de las causas más frecuentes que originan la deserción escolar en los alumnos. Varios factores influyen en el estrés de un estudiante, no solo académicos, si no personales, laborales, familiares y sociales. Los estudiantes que estudian y además trabajan, se enfrentan a diferentes retos, ya que tienen que encontrar el tiempo adecuado para lograr un equilibrio. Cuando lo logran, demuestran una clara ventaja en cuanto a maduración.
Una de las causas que originan el estrés es la falta de organización. El estudiante piensa que el mundo se acaba en temporada de exámenes, pero si aprende a administrar su tiempo y darle espacio adecuado a cada actividad, el nivel de estrés disminuirá.


















