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jueves, 28 de octubre de 2010

Testimonio UP



Hola, amigo.

Estás a punto de leer algo que a mí me hubiera gustado mucho leer hace unos meses.


Me llamo Raquel y soy de Acapulco, tengo 18 años y estudio en la Universidad Panamericana en México D.F. No me conoces, pero tenemos algo en común. Estás pasando por algo que la mayoría de los chavos pasamos, algo muy complicado que tienes que hacer y que marcará tu vida para siempre. Es algo difícil y estresante; yo también pasé por eso. Pero ahora me doy cuenta que si te tomas tu tiempo; si te pones a pensar en cómo te quieres ver en unos años; si te planteas metas y objetivos; si reflexionas qué es lo que te interesa, lo que te gusta, para lo que eres bueno y a lo que quisieras dedicarte, seguramente harás una muy buena elección. ¿Cuál elección? La elección de carrera.

Te voy a contar mi experiencia sobre esta cuestión para que te des cuenta que no eres el único, que hay muchos chavos que están en las mismas y muchos más que acabamos de pasar por esto y, por lo mismo, podemos orientarte un poco.

Yo nací en Acapulco, Guerrero, viví ahí 11 años. Vivía con mi familia, tenía muchos amigos y me la pasaba muy padre. En sexto de primaria me fui a vivir a Querétaro con mi familia. Fue un cambio muy fuerte porque dejé mi escuela, mis amigos, mis tíos, mis primos, la playa y todo lo que, según yo, pensaba era esencial en mi vida. Me costó mucho trabajo hacer eso, tanto que hasta al psicólogo fui a parar. Ya como en el tercer año, viviendo allá, me di cuenta de que Acapulco no lo era todo, de que hay mucho más allá: Conocí muchos lugares nuevos, a muchas personas nuevas e hice amigos muy buenos; viví cosas también muy padres, pero me di cuenta de algo: los cambios son buenos, te ayudan a crecer, a ampliar tu criterio, a enfrentarte a diferentes circunstancias, a conocer diferentes puntos de vista, etc.

Regresé a vivir a Acapulco en la preparatoria, estaba muy feliz de volver a estar con mis amigos y toda mi familia. Aproveché muchísimo esos tres años; me divertí, aprendí, hice muchísimas cosas, hasta que, en tercer año de prepa, me enfrenté a mi realidad. Me di cuenta de que ya iba a terminar el juego, la relajación (porque cabe decir que no tenía que hacer grandes esfuerzos en la escuela para sacar buenas calificaciones), las muchas horas libres con mis amigos en la playa, en el antro, en las fiestas; pero eso ya había terminado, ya tenía que elegir una carrera y una universidad; ya terminaba la prepa en menos de un año y empezaba otra etapa en mi vida, la universitaria.

Al principio no concebía esa idea, no me veía viviendo en otro lugar, no me veía sin mi familia, sin mis amigos, en otra escuela, con maestros estrictos; no me veía haciendo trabajos difíciles, pasando horas en la biblioteca, en fin, la verdad, no me veía estudiando. Yo creía que quería estudiar relaciones internacionales, pero al llevar derecho en mi tercer año de preparatoria me di cuenta que me encantaba, se me hacía interesantísimo y, sobre todo, se me hacía un muy buen medio para lograr hacer un cambio para bien en el país.

Vivía sólo con mi mamá, mis hermanas y mi abuelita. No tenía la suficiente solvencia económica para pensar estudiar en una Universidad cara, así que las únicas universidades que contemplaba, entre mis posibilidades, eran las Universidades públicas de la Ciudad de México.

Cada vez que pensaba en estudiar para mi examen de admisión me frustraba y me daba miedo, no me gustaba mucho la idea de sacrificar mi comodidad y dejar de salir con mis amigos para esforzarme; así que con una actitud pésima, y ahorita me doy cuenta que mediocre, decidí que me iba a tomar un año, y ya que estuviera lista, haría el examen. En ese año, según yo, planeaba estudiar idiomas, hacer ejercicio y, obvio, estudiar para mi examen de admisión. Varias personas me persuadieron de que esa decisión era muy mala. Ahora me doy cuenta que tomar esa decisión hubiera sido lo peor que pudiera haber hecho porque cuando hablo con mis amigos que se quedaron en Acapulco, me doy cuenta que no hacen nada de lo que prometieron que harían, ahora sé que yo estaría igual, y aparte de todo hubiera perdido el ritmo de estudio que tenía (que la verdad no era mucho, pero era algo).

Al poco tiempo fue la feria de universidades en mi escuela, encontré un stand de la UP, escuché lo que decía la chava que estaba ahí; las becas y el plan de estudios llamaron mi atención, aunque la verdad nunca pensé en entrar. Pero de todas formas hice el examen de admisión y olvidé todo esto. Un mes después recibí un mail de la UP diciéndome que al hacer el examen entré a un concurso académico y por mi examen me gane el 30% de beca. Yo no lo podía creer, nunca pensé que esta universidad me fuera a dar ese porcentaje de beca, pero me desilusioné al mismo tiempo, porque aún así no podía pagarla. Se lo comenté a mi mamá y tuvo exactamente la misma reacción que yo. Ella estudió en el ESDAI, una carrera única de la UP, así que, platicando con ella, me enteré también de que dos de mis tíos también habían estudiado en la UP. Y me dijo que le encantaría que estudiara ahí, porque aparte de ser una excelente universidad, hablando académicamente, crea a profesionistas realmente comprometidos con la humanidad.

Entonces me empecé a informar sobre la universidad y sobre las oportunidades de beca que daba, me di cuenta que es de las pocas escuelas que ofrece muchas posibilidades de beca, empecé a investigar y a mandar mails para ver qué podía hacer. Poco a poco la universidad me fue abriendo una gama de posibilidades que no podía desaprovechar. Conseguí el 50% de beca y mi mamá aceptó pagarme la universidad.

Ahora ya estoy viviendo en México con mis tíos y estudiando Derecho en la Universidad Panamericana. Soy la más feliz del mundo, no preferiría estudiar en otro lugar, ni otra carrera. Desde que vine a conocer la universidad, me quedé encantada, todas las personas son realmente amables y siempre te dan un trato personalizado, en esta escuela nunca serás un número más, porque eres una persona, eres alguien importante y parte de un gran equipo. Desde el propedéutico caí en la cuenta de que ya no estaba en la prepa, de que tenía que leer las noticias, estudiar a diario, poner mucha atención, tomar muy buenos apuntes y, sobre todo, participar en clase.
Ya pasaron 2 meses de clases y cada vez me enamoro más de mi carrera. Me doy cuenta que no sólo me van a enseñar Derecho y de que no sólo voy a aprender códigos y leyes. Lo primero que me enseñaron es lo que significa ser persona y por qué es importante, cuáles son sus atributos, por qué se deben respetar sus derechos y por qué tiene obligaciones; en fin, me enseñan la esencia del Derecho, el por qué se da, por qué y para qué surge. Ahora sé que el Derecho trabaja para la persona y, por lo tanto, entendí que en cualquier juicio lo siempre debes de defender es la dignidad de la persona y sus garantías, pero no sólo porque lo dice la ley positiva, si no porque lo dice algo mayor: la ley natural.

Entonces, con todo esto, estoy realmente convencida de que ésta es mi universidad y de que aquí me van a brindar una formación humanista como no lo haría otra, y que en los tiempos de ahora es lo que más necesita la sociedad.
Te invito a que te des una oportunidad, tal vez te des cuenta que ésta también puede ser tu universidad. Conócela, infórmate y toma tu decisión. Lo único que yo puedo hacer, y que ya hice, fue contarte mi experiencia, y sé la contaría a cualquiera que estuviera interesado, porque sé que tomé una buena decisión, porque esta universidad, aunque te exige demasiado, te hace sacar lo mejor de ti para así después conseguir excelentes resultados y beneficios.

Espero que tomes una buena decisión, escoge lo que te guste, lo que te llene, lo que te haga feliz, para que después quieras, al igual que yo, contarle a todo mundo lo feliz y satisfecho que estás con tu elección.

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