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jueves, 28 de octubre de 2010

¿Cómo llegué a la UP?


Mi nombre es Héctor Roberto Alejandri Otamendi, estudié en el Centro Escolar Atoyac. Cuando cursaba la preparatoria mi escuela nos llevó a mí y a mis compañeros a un “día UP,” con la finalidad de conocer la universidad, las carreas, los planes de estudio, etc. En sexto de preparatoria yo estaba enfocado en la carrea de Comunicación, hice examen para concurso de beca en el cual no me fue tan mal. Yo necesitaba más beca pues no tengo el suficiente sustento para pagar la carrera. Cuando fueron las premiaciones del concurso me otorgaron la aceptación de la carrera (pero sólo eso), yo esperaba un porcentaje de beca, pero no hubo tal. Desde ese día dije: «Ni modo, se perdieron un alumno excelente.» A causa de esto, yo ya daba por perdida mi estancia en la UP, lo que me llevó a pensar en entrar en la UNAM. Entonces hice la primera vuelta para entrar a esta universidad; dieron los resultados y, para mi sorpresa, no me quedé. Pero no me rendí, sino que estudié todo un año y apliqué para la segunda vuelta. Y lo logré. Me puse muy contento al enterarme de la noticia, pues no me iba a quedar sin estudiar un día más.

Entonces recibí una llamada de la UP diciéndome que tenía aptitudes psicopedagógicas, y me ofrecieron un lugar. Yo todavía me sentía un poco mal por no haberme ganado la beca desde un principio, pero pensé que era una oportunidad más; que por algo había sido llamado. En esos momentos me encontraba en un dilema: estudiar Comunicación en la UNAM, que era la carrera que quería al principio, o estudiar Pedagogía en la UP, una nueva oportunidad para mí. Con una muy difícil decisión con la ayuda de mis papás y principalmente de Dios tomé una de las decisiones más importantes de mi vida: acepté estudiar en la Universidad Panamericana y, hasta ahora, no me he arrepentido, ni creo arrepentirme el resto de mi vida. Espero que esto les ayude a saber decidir con sabiduría y principalmente estudiar la carrera que realmente les guste.

Testimonio UP



Hola, amigo.

Estás a punto de leer algo que a mí me hubiera gustado mucho leer hace unos meses.


Me llamo Raquel y soy de Acapulco, tengo 18 años y estudio en la Universidad Panamericana en México D.F. No me conoces, pero tenemos algo en común. Estás pasando por algo que la mayoría de los chavos pasamos, algo muy complicado que tienes que hacer y que marcará tu vida para siempre. Es algo difícil y estresante; yo también pasé por eso. Pero ahora me doy cuenta que si te tomas tu tiempo; si te pones a pensar en cómo te quieres ver en unos años; si te planteas metas y objetivos; si reflexionas qué es lo que te interesa, lo que te gusta, para lo que eres bueno y a lo que quisieras dedicarte, seguramente harás una muy buena elección. ¿Cuál elección? La elección de carrera.

Te voy a contar mi experiencia sobre esta cuestión para que te des cuenta que no eres el único, que hay muchos chavos que están en las mismas y muchos más que acabamos de pasar por esto y, por lo mismo, podemos orientarte un poco.

Yo nací en Acapulco, Guerrero, viví ahí 11 años. Vivía con mi familia, tenía muchos amigos y me la pasaba muy padre. En sexto de primaria me fui a vivir a Querétaro con mi familia. Fue un cambio muy fuerte porque dejé mi escuela, mis amigos, mis tíos, mis primos, la playa y todo lo que, según yo, pensaba era esencial en mi vida. Me costó mucho trabajo hacer eso, tanto que hasta al psicólogo fui a parar. Ya como en el tercer año, viviendo allá, me di cuenta de que Acapulco no lo era todo, de que hay mucho más allá: Conocí muchos lugares nuevos, a muchas personas nuevas e hice amigos muy buenos; viví cosas también muy padres, pero me di cuenta de algo: los cambios son buenos, te ayudan a crecer, a ampliar tu criterio, a enfrentarte a diferentes circunstancias, a conocer diferentes puntos de vista, etc.

Regresé a vivir a Acapulco en la preparatoria, estaba muy feliz de volver a estar con mis amigos y toda mi familia. Aproveché muchísimo esos tres años; me divertí, aprendí, hice muchísimas cosas, hasta que, en tercer año de prepa, me enfrenté a mi realidad. Me di cuenta de que ya iba a terminar el juego, la relajación (porque cabe decir que no tenía que hacer grandes esfuerzos en la escuela para sacar buenas calificaciones), las muchas horas libres con mis amigos en la playa, en el antro, en las fiestas; pero eso ya había terminado, ya tenía que elegir una carrera y una universidad; ya terminaba la prepa en menos de un año y empezaba otra etapa en mi vida, la universitaria.

Al principio no concebía esa idea, no me veía viviendo en otro lugar, no me veía sin mi familia, sin mis amigos, en otra escuela, con maestros estrictos; no me veía haciendo trabajos difíciles, pasando horas en la biblioteca, en fin, la verdad, no me veía estudiando. Yo creía que quería estudiar relaciones internacionales, pero al llevar derecho en mi tercer año de preparatoria me di cuenta que me encantaba, se me hacía interesantísimo y, sobre todo, se me hacía un muy buen medio para lograr hacer un cambio para bien en el país.

Vivía sólo con mi mamá, mis hermanas y mi abuelita. No tenía la suficiente solvencia económica para pensar estudiar en una Universidad cara, así que las únicas universidades que contemplaba, entre mis posibilidades, eran las Universidades públicas de la Ciudad de México.

Cada vez que pensaba en estudiar para mi examen de admisión me frustraba y me daba miedo, no me gustaba mucho la idea de sacrificar mi comodidad y dejar de salir con mis amigos para esforzarme; así que con una actitud pésima, y ahorita me doy cuenta que mediocre, decidí que me iba a tomar un año, y ya que estuviera lista, haría el examen. En ese año, según yo, planeaba estudiar idiomas, hacer ejercicio y, obvio, estudiar para mi examen de admisión. Varias personas me persuadieron de que esa decisión era muy mala. Ahora me doy cuenta que tomar esa decisión hubiera sido lo peor que pudiera haber hecho porque cuando hablo con mis amigos que se quedaron en Acapulco, me doy cuenta que no hacen nada de lo que prometieron que harían, ahora sé que yo estaría igual, y aparte de todo hubiera perdido el ritmo de estudio que tenía (que la verdad no era mucho, pero era algo).

Al poco tiempo fue la feria de universidades en mi escuela, encontré un stand de la UP, escuché lo que decía la chava que estaba ahí; las becas y el plan de estudios llamaron mi atención, aunque la verdad nunca pensé en entrar. Pero de todas formas hice el examen de admisión y olvidé todo esto. Un mes después recibí un mail de la UP diciéndome que al hacer el examen entré a un concurso académico y por mi examen me gane el 30% de beca. Yo no lo podía creer, nunca pensé que esta universidad me fuera a dar ese porcentaje de beca, pero me desilusioné al mismo tiempo, porque aún así no podía pagarla. Se lo comenté a mi mamá y tuvo exactamente la misma reacción que yo. Ella estudió en el ESDAI, una carrera única de la UP, así que, platicando con ella, me enteré también de que dos de mis tíos también habían estudiado en la UP. Y me dijo que le encantaría que estudiara ahí, porque aparte de ser una excelente universidad, hablando académicamente, crea a profesionistas realmente comprometidos con la humanidad.

Entonces me empecé a informar sobre la universidad y sobre las oportunidades de beca que daba, me di cuenta que es de las pocas escuelas que ofrece muchas posibilidades de beca, empecé a investigar y a mandar mails para ver qué podía hacer. Poco a poco la universidad me fue abriendo una gama de posibilidades que no podía desaprovechar. Conseguí el 50% de beca y mi mamá aceptó pagarme la universidad.

Ahora ya estoy viviendo en México con mis tíos y estudiando Derecho en la Universidad Panamericana. Soy la más feliz del mundo, no preferiría estudiar en otro lugar, ni otra carrera. Desde que vine a conocer la universidad, me quedé encantada, todas las personas son realmente amables y siempre te dan un trato personalizado, en esta escuela nunca serás un número más, porque eres una persona, eres alguien importante y parte de un gran equipo. Desde el propedéutico caí en la cuenta de que ya no estaba en la prepa, de que tenía que leer las noticias, estudiar a diario, poner mucha atención, tomar muy buenos apuntes y, sobre todo, participar en clase.
Ya pasaron 2 meses de clases y cada vez me enamoro más de mi carrera. Me doy cuenta que no sólo me van a enseñar Derecho y de que no sólo voy a aprender códigos y leyes. Lo primero que me enseñaron es lo que significa ser persona y por qué es importante, cuáles son sus atributos, por qué se deben respetar sus derechos y por qué tiene obligaciones; en fin, me enseñan la esencia del Derecho, el por qué se da, por qué y para qué surge. Ahora sé que el Derecho trabaja para la persona y, por lo tanto, entendí que en cualquier juicio lo siempre debes de defender es la dignidad de la persona y sus garantías, pero no sólo porque lo dice la ley positiva, si no porque lo dice algo mayor: la ley natural.

Entonces, con todo esto, estoy realmente convencida de que ésta es mi universidad y de que aquí me van a brindar una formación humanista como no lo haría otra, y que en los tiempos de ahora es lo que más necesita la sociedad.
Te invito a que te des una oportunidad, tal vez te des cuenta que ésta también puede ser tu universidad. Conócela, infórmate y toma tu decisión. Lo único que yo puedo hacer, y que ya hice, fue contarte mi experiencia, y sé la contaría a cualquiera que estuviera interesado, porque sé que tomé una buena decisión, porque esta universidad, aunque te exige demasiado, te hace sacar lo mejor de ti para así después conseguir excelentes resultados y beneficios.

Espero que tomes una buena decisión, escoge lo que te guste, lo que te llene, lo que te haga feliz, para que después quieras, al igual que yo, contarle a todo mundo lo feliz y satisfecho que estás con tu elección.

miércoles, 13 de octubre de 2010

RESULTADOS DEL V CONCURSO DE ENSAYO FILOSÓFICO


Después de 200 años, ¿México para los mexicanos?

Finalistas que pasan a la siguiente ronda:

•Julieta María Aponte Mendoza, “Julia Amezcua”
•Raúl Omar Cereceda Tépox, “Parvus Bar”
•Sebastián Álvarez Rojo, “El Afgano”
•Erika Marentes, “I. Rocatti”
•Dolores Manzanero, “Antonieta Franco”
•Ana Valeria Torres Sandoval, “A.R. Orietta”
•Alan Mosqueda Cruz, “Parvus Bar”
•“Lagartija Danzante”

Por favor, llama a la Lic. María José García para dar tu nombre completo, escuela, teléfono y correo electrónico. De no hacerlo, no podrás pasar a la siguiente ronda.

Mención especial (aquellos concursantes que a pesar de no pasar a la siguiente ronda, presentaron un excelente trabajo).

•Carlos Aguilar Huerta, “Hoggos”
•Mariana Torres Álvarez, “Laura Marín”
•Denisse Jui Hernández, “Juidez”
•Oscar Fonseca Lozano, “iFon”
•Oswaldo Torres, “Bandera Parsimónica”
•Alfonso Ortega Mantecón, “Arimboldo Giuseppe”


Los ganadores pasarán a la segunda ronda, la cual consiste en un debate filosófico que se llevará a cabo el 21 de octubre de 2010 en el Aula Magna de la Universidad Panamericana de las 17:00 a las 19:00hrs.

Los términos y condiciones del debate serán dados a conocer personalmente a los ganadores. Anticipamos que deben preparar en un máximo de 3 minutos la exposición y argumentación de sus trabajos.

Invitamos a todos los participantes a recibir su reconocimiento el mismo día del evento.

La asistencia es formal.

Para cualquier información o aclaración favor de comunicarse con la Lic. María José García Castillejos al teléfono 54 82 16 00 Ext. 6550.

sábado, 9 de octubre de 2010

Joyas de la Red: Carta de Víctor Hugo a Juárez


No se celebra lo que no se conoce. Para seguir celebrando a los nuestros y a nuestra historia, les presento una epístola de uno de los grandes —si no el más grande— escritor romántico francés: Víctor-Marie Hugo, dirigida a nuestro broncíneo y siempre fiero indio Zapoteca, el llamado, Benemérito de las Américas: Benito Juárez, donde el Poeta exhorta —suplicante—, a que se respete la vida del que fuera el segundo emperador mexicano: Maximiliano de Habsburgo. Lamentablemente, la carta fue escrita un día después del fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía en el Cerro de las Campanas, en Querétaro.

Carta de Víctor Hugo a Benito Juárez




Al Presidente de la República Mexicana:

Juárez, vos habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes: John Brown y vos, John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vos por quien ha vencido la libertad.

México se ha salvado por un principio y por un hombre. El principio es la República; el hombre sois vos. Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos es terminar en el aborto. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro. Europa, en 1863, se arrojó sobre América, dos Monarquías atacaron vuestra democracia; la una con un Príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo un flota tan poderosa en el mar como el mismo en la tierra; que tenía para respaldarlo todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazo sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente fanático de su bandera; que poseía en profusión caballos, artillería, provisiones, municiones formidables. Del otro lado, Juárez. Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre, con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por Generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones. Los matorrales por ciudades. Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándose bandido.

La usurpación con el casco en la cabeza y la espalda imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza, el derecho solo y desnudo. Vos, el derecho, habéis aceptado el combate. La batalla de uno, contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado por proyectiles las cosas. El clima terrible os ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol. Habéis tenido por defensores a los pantanos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que, como la de Castilla, se defiende por su desnudez, las barrancas siempre conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de Toluca. Habéis llamado en vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras, los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas.

Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. Nada de Monarquía, nada de ejércitos; nada más que la inconformidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez y al lado de este hombre, la libertad. Vos habéis hecho todo esto, Juárez y es grande; pero o que os resta por hacer es más grande todavía.

Escuchad, ciudadano Presidente de la República Mexicana:

Acabáis de abatir las monarquías con la democracia. Les habéis demostrado su poder, ahora mostrad su belleza. Después del rayo mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que deja vivir. A las Monarquías que usurpan y exterminan oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad la civilización. A los déspotas, mostrad los principios. Humildad a los Reyes frente al pueblo, deslumbrándolos. Vencedlos, sobre todo, por la piedad. Protegiendo al enemigo se afirman los principios. La grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo. Los hombres no tienen nombre frente a los principios; los hombres son el Hombre. Los principios no conocen más allá de sí mismos. El hombre en su estupidez augusta no sabe más que esto: la vida humana es inviolable. ¡Oh venerable imparcialidad de la verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el derecho!

Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte, es donde debe abjurarse de las vías de hecho. La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los culpables. Que el violador de los principios sea salvaguardado por un principio. Que tenga esta dicha esta vergüenza. Que el perseguidor del derecho sea protegido por el derecho. Despojándolo de la falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real, lo ponéis delante de la verdadera inviolabilidad humana. Que se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquel por el cual no es Emperador. Que este Príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el Rey; y una majestad, el hombre. Jamás se os ha presentado una ocasión más relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo? Uno ha querido matar a un Rey; el otro ha querido matar una Nación.

Juárez, haced que la civilización dé este paso inmenso, Juárez, abolid sobre toda la tierra la pena de muerte. Que el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en si poder a su asesino, un Emperador; en el momento de aniquilarlo, descubre que es un hombre, lo deje en libertad y le dice: Eres del pueblo como los otros. ¡Vete!

Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es soberbia. La segunda, perdonar al usurpador, será sublime.

¡Sí, a estos Príncipes, cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de asesinatos; a esos Príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que tienen La Habana, a los que tiene a Creta; a estos Príncipes a quienes obedecen los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos Emperadores que tan fácilmente cortan la cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un Emperador!

Sobre todos los códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la República señalando esta orde de Dios: Tú ya no matarás.

Estas cuatro palabras son el deber. Vos cumpliréis con ese deber.

¡El usurpador será salvado y el libertador ay, no pudo serlo! Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que tiene cualquier hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he pedido los Estado s Unidos la vida de John Brown. No la obtuve. Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La obtendré?

Sí, y quizá a esta hora esté ya concedida. Maximiliano deberá la vida a Juárez.

¿Y el castigo?, preguntarán. El castigo, helo aquí:

Maximiliano vivirá “por la gracia de la república”.


Hauteville House, 20 de junio de 1967.