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sábado, 25 de septiembre de 2010

Artículo del Universal: Abogados destacados de la UP


Conoce abogados destacados de la Universidad Panamericana - El Universal-






En el marco del XL aniversario de la Facultad de Derecho, te presentamos representantes sobresalientes de esta universidad ubicada en la delegación Benito Juárez.

«Insistimos en formar profesionales bien preparados (...) Con la capacidad para resolver los problemas que se afrontan de acuerdo con el contexto nacional», así lo afirmó el doctor José Antonio Lozano, director de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana en el marco de su XL aniversario.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ciclo de conferencias de Filosofía 2010-2011




La cena del Bicentenario

Nombre del Evento: La cena del Bicentenario
Fecha: jueves 23 de septiembre de 2010
Expositor: Dr. Héctor Zagal Arreguín
Hora: 17:00 a 19:00
Contacto:
5482- 1649
mjgarcia@up.edu.m

jueves, 9 de septiembre de 2010

¿Cómo llegué aquí?



Daniel U. Rocha
Filosofía UP (1er semestre)



Recuerdo el día en el que mi decisión de estudiar Filosofía empezó a hacerse presente. Era una tarde de Octubre; me encontraba caminando por las calles de la ciudad que unos llaman "de la Esperanza”, pero que yo encuentro tan desesperanzada como la fatal historia de Edipo. «Sin duda tendrá un desenlace trágico» me digo a mí mismo mientras cruzo el semáforo de la esquina próxima. Un viejo cruza a mi lado con un libro en la mano: 2012. Reí en mis adentros con sólo pensar en la ridícula idea de que en 2 años, la humanidad enfrentará su posible extinción. Me niego a creer en eso, aún queda mucho tiempo para que el hombre recapacite sobre los errores que ha cometido. Basar mi vida en una profecía, que pudo haber sido malinterpretada, se me hace tan supersticioso como creer que al romper el espejo tendré 7 años de mala suerte. Prefiero dedicar mi vida a algo especial: a intentar ser recordado y a intentar ser influente en el futuro. Entonces una decisión fantasma empezó a adentrarse en mi cabeza, formulándome una pregunta: ¿Por qué estás aquí?, no tengo respuesta para ello, ni siquiera una aproximación, sólo tengo un sueño, una vaga idea de lo que deseo que sea mi futuro, ser recordado, pero, ¿es verdad? ¿estaré aquí para lograr ser recordado? Y en ese instante me di cuenta que estaba filosofando.

A partir de los días siguientes mi cabeza se llenó de dudas existenciales; dudas que se clavaban en mi cerebro y no me dejaban en paz. Un día mi vida dio un giro: la Universidad Panamericana me ofrecía la oportunidad de estudiar Filosofía. Mi decisión se hizo real y hoy puedo decir que ha sido una de las mejores decisiones que he tomado, no me arrepiento de estar aquí. Sólo que ahora comprendo que mi sueño de ser influyente y recordado no es cuestión de egolatría o soberbia, es cuestión de humildad. Estudiar Filosofía es tratar de comprender el porqué de todo lo que nos rodea, no es sólo soltar ideas y pensamientos en el metro; es aceptar la influencia de los grandes hombres del pasado, es dedicar tu vida a algo que pocos se atreven a hacer; es amor, no ambición. Muchas personas piensan que los Filósofos no tienen trabajo o que serán maestros; pero se equivocan en las dos: porque el Filósofo no estudia Filosofía para trabajar y ganar dinero, sino que lo hace por amor a la sabiduría. Por otro lado, la idea de no hallar trabajo es tan falsa como decir que Stalin fue un “buen samaritano”. En cuanto a ser maestros, no tiene mala de malo, la educación es necesaria para alentar a las generaciones próximas a crear un mundo mejor. En cuanto a mí, he tomado una decisión: quiero influir en el pensamiento de las generaciones futuras, quiero aportar ideas eficientes para solucionar problemas y quién sabe, a lo mejor un día mis ideas trabajaran en conjunto con la Modernidad y sus otras profesiones para crear una Ciudad de la Esperanza, en donde todo ciudadano se sienta orgulloso de ser mexicano y en donde todo mundo diga: «hubiera nacido en México». Ese es mi sueño, por eso estoy en la Universidad Panamericana estudiando Filosofía
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martes, 7 de septiembre de 2010

Un día en el ruedo



Rey Ojeda C.
Mercadotecnia UP (5to semestre)

Después de unos deliciosos tacos de barbacoa y dos horas en la carretera, llegamos a la plaza de toros de Ixmiquilpan, Hidalgo. El objetivo de la visita era organizar la corrida que se celebra anual en el pueblo y nuestras tareas iban desde adornar la plaza hasta volantear para atraer gente. Pero, ¿acaso esta entrada es para adorar el arte de los toros o criticar el sadismo de esta antiquísima tradición? No, el objetivo de escribir esta experiencia es por un fuerte vuelco que dio mi corazón al estar cortando los boletos en las puertas de la plaza.

En ese par de horas en las que estuve cuidando que no se introdujeran alimentos ni bebidas, que no entraran quince personas con ocho boletos y evitando todas las tradicionales mañas del mexicano, hubo varias anécdotas, desde curiosas hasta conmovedoras, pero por la que escribo esto es por los sentimientos que movió en un hombre con su hija. Iba el tercer toro de seis, es decir, poco antes de la mitad del cartel. Mi compañero había ido a revisar si necesitábamos entregar boletos o apoyar en alguna tarea, cuando este señor se me acerca tomando a su pequeña hija de la mano.

- ¿Podría asomarse mi hija?

Era una niña de cuatro años con su carita manchada. “Por supuesto” respondí. El señor se quedó en la puerta mientras yo acompañaba a la niña a las gradas para que viera la arena, para nuestra mala suerte era el tiempo entre corridas. Acompañé a la niña de nuevo con su papá.

- Si quiere volver en unos minutos, la vuelvo a acompañar.
- Muchas gracias, joven.

Estaba emocionado por haber ayudado a una niña que no tiene nada en absoluto a sonreír, pero a la vez deseaba que volviera para que viviera un día como el resto de la gente. Afortunadamente, regresó un toro después.

- ¿Puede volver a asomarse?

La acompañé a la grada y de inmediato se sentó con una sonrisa en los labios. La teoría decía que nada más iba a estar parada sin quitarle lugar a una persona que había pagado su boleto, pero la verdad es que prefería que me regañaran o no me pagaran a arruinarle la ilusión a la pequeña.

- Ya está sentada – le dije a su papá.
- Muchas gracias, ¿podría echarle un ojo?
- Claro que la cuido, pero mejor pase usted.
- ¿Podría pasar su abuela, mejor?
- Por supuesto.

El hombre llamó a una señora muy mayor a la que acompañé con su nieta. A los 20 minutos no saben la emoción que me dio ver que la pequeña se asomaba a la puerta solo para sonreírme y saludarme.

¡Qué fácil es hacer feliz a un niño y qué triste es que no todos los puedan ser! Sólo unos minutos viendo a un hombre toreando le cambió la semana. Por un una hora se le olvidó que al llegar a casa a lo mejor no habría que comer o que ni siquiera había casa a la que llegar.

¿Qué es lo que quería obtener al compartir este recuerdo? Lo ideal sería que todos fuéramos a hacer servicio social y cuidáramos a los necesitados o que nos diéramos cuenta que con hacer pasar un momento agradable a un ser humano podemos llegar a cambiar su vida, pero más que eso lo que busco es compartir él como uno se da cuenta de lo que quiere hacer en la vida.

No sé si llamarlo vocación porque no soy pedagogo y tampoco quiero llamarlo fin máximo porque no soy filósofo, pero ese tipo de momentos son los que cuando los encuentras, te sirven de guía para elegir carrera o para tomar todas las decisiones de nuestra vida. En mi caso es para generar sonrisas en los niños y jóvenes, así como para ti puede ser la emoción de crear una campaña publicitaria que haga que la gente compre un producto o salvarle la vida a miles de enfermos. Pero en resumen lo que quiero que te quedes después de leer todos estos párrafos es que la vocación se encuentra y para eso se debe buscar, pero nunca lo sabrás hasta que de verdad tu corazón vuelque de vivirlo y no sólo por imaginarlo
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Concurso de Facebook. Admisiones UP México