
Santiago Floresmeyer G.
Filosofía UP (3er semestre)
De viaje en las vacaciones mi hermano más chico me dijo que él, cuando sea grande, quiere tener un departamento en Manhattan y uno en Acapulco y quiere un palco en el Azteca para ver al América y su coche Porsche y su casa en Cuernavaca y no sé qué tanto más dijo porque lo dejé de oír. No porque sea un mal hermano sino porque me cayó el veinte cuando, tiempo después, le pregunté si creía que yo era grande: dijo que sí. Lo volteé a ver y escurría ingenuidad.
Me di cuenta que el “cuando sea grande” es una gran mentira. Por ejemplo, veamos al Chicharito, o a Miley Cirus o los Johnas Brothers, no creo que nadie los vea como grandes de edad y estoy seguro que están muy cercanos a comprar cosas como las que sueña mi hermanito. Para tener todas esas cosas no hace falta ser grande: hay que ser rico. Perdón: muy rico.
No es que sepa mucho de la vida, pero sé lo suficiente como para decir que todas esas cosas no son necesarias para ser feliz. Cuando éramos chicos no las teníamos (y a la fecha tampoco) y no somos infelices por eso. Seamos honestos, la riqueza no a todos les cae mal, por no decir que a nadie le cae mal la monedita de oro. Pero tampoco es lo único que hay.
Nacimos sin esas cosas y moriremos sin ellas; sí, ayudan mucho y son muy cómodas, pero no imprescindibles o necesarias. La realidad es que hay que hacernos y desarrollarnos todo lo posible, explotar todas nuestras cualidades y así estaremos en buen camino para ser grandes. Por eso escogí estudiar algo que me gustara y me llenara, porque con eso estaré lidiando toda la vida. Si a todos nos toca rutina, al menos hay que escoger en qué es. Dicen que si no quieres trabajar te dediques a lo que amas.
Quien siga creyendo que “cuando sea grande” será rico o que se solucionará su vida no sabe que ésta sólo pone más obstáculos. Quien siga creyendo que cuando sea grande será rico y, justo por eso, feliz, está peor que un niño de trece años.
Me di cuenta que el “cuando sea grande” es una gran mentira. Por ejemplo, veamos al Chicharito, o a Miley Cirus o los Johnas Brothers, no creo que nadie los vea como grandes de edad y estoy seguro que están muy cercanos a comprar cosas como las que sueña mi hermanito. Para tener todas esas cosas no hace falta ser grande: hay que ser rico. Perdón: muy rico.
No es que sepa mucho de la vida, pero sé lo suficiente como para decir que todas esas cosas no son necesarias para ser feliz. Cuando éramos chicos no las teníamos (y a la fecha tampoco) y no somos infelices por eso. Seamos honestos, la riqueza no a todos les cae mal, por no decir que a nadie le cae mal la monedita de oro. Pero tampoco es lo único que hay.
Nacimos sin esas cosas y moriremos sin ellas; sí, ayudan mucho y son muy cómodas, pero no imprescindibles o necesarias. La realidad es que hay que hacernos y desarrollarnos todo lo posible, explotar todas nuestras cualidades y así estaremos en buen camino para ser grandes. Por eso escogí estudiar algo que me gustara y me llenara, porque con eso estaré lidiando toda la vida. Si a todos nos toca rutina, al menos hay que escoger en qué es. Dicen que si no quieres trabajar te dediques a lo que amas.
Quien siga creyendo que “cuando sea grande” será rico o que se solucionará su vida no sabe que ésta sólo pone más obstáculos. Quien siga creyendo que cuando sea grande será rico y, justo por eso, feliz, está peor que un niño de trece años.
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